El escrache no es el objeto de debate

La Plataforma de Afectados por la Hipoteca ha popularizado los escraches en España, tanto el término, como la actuación, consistente en protestar o reivindicar ante domicilios o lugares de trabajo de políticos u otras personas objeto de protestas.

El Mundo, relata así un Escrache en Ourense:
En cuanto a la protesta contra Celso Delgado, los ciudadanos movilizados con pancartas y piruletas que reivindican el stop de los desahucios se dirigieron al domicilio del parlamentario con la intención de aclararle “cómo viven y sienten las personas amenazadas con ser desahuciadas”, según el portavoz de la plataforma, Roberto Pereira.

A llegar al portal del inmueble llamaron al interfono y les contestó un familiar al que le pidieron permiso para dejar una carta dirigida al diputado ‘popular’. Minutos después, cuando estaban marchándose y a 20 metros del domicilio, apareció Celso Delgado y mantuvo una conversación con los concentrados.”

Probablemente en algún otro escrache habrá habido algún insulto, algún mal modo… Pero creo exagerado compararlo a las actuaciones de nazis marcando las casas de familias de oponentes políticos, o con el acoso de ETA a políticos en el País Vasco, como algunos han hecho.

A mí no me parece la manera de protestar más elegante  me preocupa que se pueda extender, y que pueda abandonar el carácter pacífico que debe tener.   Reniego de la política como confrontación, y pienso que nuestros representantes deben tener la mayor libertad y tranquilidad para tomar las decisiones.  Por ello, no pienso asistir a ningún escrache, pero creo que no se merece el debate que ha generado.

Si el escrache genera polémica es porque en estos casos afecta a la libertad de decisión de los que deben ejercerla.   Y si analizamos en su globalidad los casos en que nuestros representantes ven su libertad limitada, el escrache es un inocente juego de niños…

Dicen que en México, el narco compra a los políticos y policías dando a elegir “plomo o plata”.   Aquí los bancos ofrecen y dan plata, y la PAH, usa, no plomo,  pancartas.   El debate debería ser cómo acabar con la plata de los bancos, para que los políticos puedan tomar decisiones con libertad.

Los Bancos y Cajas conceden créditos y a veces condonan deudas, ya sea , PSOE, IU o CDC ,  los créditos casi no tienen intereses, o se ha hablado de donaciones secretas a todos los partidos, incluido el PP, en las memorias de José Bono.

No creo que sea la acción social de bancos y cajas la que lleve a realizar estas donaciones, sino que este dinero se recobra y con intereses.  Y se cobra con acceso directo a diputados, ministros. presidentes, o altos cargos del partido.   La labor de lobby es mucho más sencilla.

De alguna manera puedo entender a la PAH.    Creo que en España existe una gran mayoría de personas que creen que los derechos de la Banca son muy superiores a los del hipotecado (1.400.000 firmas han avalado su petición).   Sin embargo, parece que estas entidades tienen un acceso más directo a los Diputados y a los partidos a los que pertenecen.

Por ello, lo que debía ser objeto de debate es la financiación de grandes entidades financieras a Partidos Políticos.   Como consecuencia de ello, la opinión de una decena de miembros de consejos de administración de Bancos valen más que la de millones de personas.   Todos los ciudadanos de a pie financiamos a los partidos políticos, legalmente, con mayores cantidades, a través de impuestos, y vía presupuestos del Estado, y algunos ciudadanos los financian con cuotas.   Sin embargo, nuestra opinión vale bastante menos.

Los diputados deben decidir con libertad.   Estoy de acuerdo.   No deben estar sometidos a condicionamientos diferentes al bien público que deben perseguir.    Desde esta perspectiva, influir en unos diputados con una manifestación a la puerta de su casa, puede ser perturbadora.    Sin embargo, influir a muchos diputados financiando ilegalmente su partido debe ser objeto de un profundo rechazo.   Y a pesar de ello, en quince días se ha hablado más del escrache, que de la financiación ilegal bancaria.

Por otra parte, no deja de sorprenderme, como activista de a pie, que sea un partido político el que se lamente del escrache, cuando sus grupos locales y seguidores practican, con alegría, experiencia y habitualidad, actuaciones mucho menos elegantes frente a quienes se les oponen, por sí mismos, o a través de sus forofos.    Estos comportamientos son relativamente habituales en la política local y el Partido Popular, entre otros, es bastante experto en los mismos.

En mi vida profesional y personal he conocido situaciones fomentadas por partidos políticos mucho peores que esta, y alguna he sufrido.   Recuerdo haber visto acudir a concejales a sesiones plenarias rodeadas de antidisturbios, agresiones, insultos en plenos, insultos a familiares, amenazas, pintadas, ataques a propiedades, despidos a aspirantes a concejales por ir en una lista que no era del agrado del empleador, campañas de desacreditación a personas, persecuciones institucionales….

A muchas de las anteriores actuaciones que acabo de denunciar, me he opuesto (sin mirar el color político del afectado), y lo he hecho en público, y no ha sido el partido que ahora se rasga las vestiduras, a quien he encontrado a mi lado.   No ha merecido cobertura de los medios de comunicación como regla general.

Debemos de profundizar en la libertad de nuestros representantes, pero de manera seria y global.   Poner al escrache en el centro de este debate es desviar la atención del problema real.

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